Bañarse o no bañarse. Los 5 mitos del aseo para tu gato

La imagen es un clásico: un gato limpiando sus patitas, cómodamente, sobre un cojín. El acicalamiento es inherente a los felinos, y se dice que es una conducta presente en ellos pues es una manera en la que controlan su olor corporal, para evadir a sus depredadores.

 

Los estudios de la conducta animal señalan también que se trata de una conducta aprendida: los cachorros aprenden de su madre y tan pronto como a las tres semanas de nacidos ya empiezan a limpiarse a sí mismos, en reflejo al aseo que hace su mamá en los primeros días de vida y en imitación a la manera en la que ella cuida de sí misma.

 

Ahora bien, a partir de este rasgo en la especie se han hecho un sinfín de contenidos que pueden resultar tan populares como confusos. Las caricaturas, películas y cómics que ilustran a gatos que huyen despavoridos frente al agua es un lugar común, pero no necesariamente cierto.

 

Veamos aquí cuáles son los mitos más presentes en el tema del aseo gatuno y cuál es la verdad, en cada caso.

 

Mito 1. Los gatos no necesitan un baño extra. No es necesariamente cierto. Si bien los veterinarios reconocen que la mayor parte de la vida de un gato puede irse sin un remojón, hay situaciones en las que sí se hace necesario. Por ejemplo, si un gato se ensucia mucho porque cayó en el lodo, o tiene pintura o algún químico que hace necesaria la limpieza.

 

También se requerirá si los gatos tienen algún problema en la piel (parásitos o alguna infección). Por otra parte, hay algunos ejemplares que podrían tener un exceso de producción de grasa o alguna necesidad especial que demande un aseo extra.

 

Mito 2. Se les puede bañar con un jabón de bebé. Definitivamente es una mentira. De hecho, si se va a bañar a un gato es necesario tener un shampoo especializado para ellos, pues de lo contrario puedes dañar su pelo y su piel. Ningún jabón o shampoo de humanos es útil para un gato.

 

Mito 3. Los gatos odian el agua. Esto es parcialmente cierto. Los veterinarios dicen que a los gatos cachorros se les puede ir “entrenando” para que se familiaricen con ella: que escuche su sonido, que la sientan en las patitas. Procura que sea agua tibia.

 

Si es un gato adulto que nunca ha estado con ese elemento seguramente sí se resistirá a él. En este último caso hay que pedir orientación a tu veterinario.

 

En todos los casos, la paciencia y un ambiente relajante ayudan a una favorable experiencia.

 

Mito 4. Hay que lavarlo todo. Esto es incorrecto. El área de los ojos y de las orejas es muy delicado: hay que evitar el jabón y cualquier intromisión en esa área. Incluso hay quienes colocan algodones dentro de las orejas de los gatos para evitar que se les meta el agua.

 

Lo recomendable es usar una tina de plástico de tamaño adecuado a la talla del gato, ponerle unos 10 centímetros de agua tibia y usar una esponja, suavemente para limpiarlos del cuello a la cola.

Mito 5. Solamente hay dos vías de aseo: su autolimpieza o el baño. Falso. El cepillado de pelo, con un cepillo diseñado para esa función, es una manera de ayudarle a estar limpio (y, si se hace con cuidado y con regularidad, los gatos no sólo se acostumbran a él, sino que lo adoran.

 

También hay shampoos especializados para lavado en seco: una especie de mousse que se le coloca sobre el pelo y luego se cepilla.

 

Las sesiones de acicalamiento son espaciadas e incluyen cepillado y corte de uñas. Ocasionalmente, un baño. En todos los casos deben llevarse a cabo lenta y cariñosamente, para que no se sientan amenazados. Si acostumbras a los mininos desde que son pequeños, se convertirá en un momento de convivencia para ambos.

Sin duda, una forma de procurar la calidad de vida de tu mishi es, también, contar con un seguro que lo respalde si debes hacer gastos inesperados, como alguna enfermedad o accidente. Una cobertura como la que ofrece Medipet, de GMX Seguros.