Como buen miembro de la familia de los felinos, los gatos domésticos pueden ser cazadores espléndidos. Lo hacen por instinto y esto se manifiesta desde cachorros: les da por atrapar lo mismo las pantuflas que los sillones, las plantas, las aves y hasta a los humanos con los que conviven.

El problema es que fomentar, a través del juego, esas actividades pueden derivar en un comportamiento agresivo –de ataque– que realmente pueda herir a los compañeros de casa, vecinos y, por supuesto, a otras mascotas.

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